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Ago 26 2006

“Ven y sé mi luz”

Acabo de leer en la página que hoy se celebra el nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta y recordé un escrito mio, algo viejito sobre ella. Lo cuelgo a manera de homenaje a esta mujer y los cientos o miles de personajes anónimos que como ella, han dado su vida en amor.

Me encuentro en un espacio blanco, casi transparente. A mis ojos se les dificulta la visión, no sé a ciencia cierta si es esta luz encegadoramente blanca, o son las cataratas que me han acompañado estos últimos años. Ellos, mis ojos están cansados, hastiados de ver tanto y tan profundo, tal vez sea esto lo que hoy me trajo hasta este espacio; evitando seguir contemplando la oscuridad de mis noches y las del mundo entero.
La luz, no solo la veo sin verla, la siento, la respiro y hasta la huelo. Penetra por todos y cada uno de los poros de mi piel, pero no quema, limpia. Huele a jazmines recién cortados una mañana de junio. Entra despacio por mis fosas nasales hasta llegar a mis pulmones y ahí permanece, nuevamente limpiando y lavando y al exhalarla se lleva en ello cada uno de mis recuerdos. De apoco, respiro la luz lechosa y exhalo todo lo vivido.
Vuelvo a vivir, sin vivir y estar. ¿Será que el final es así? Donde se vienen de golpe todos tus recuerdos y te llenan. Seguramente, si.

Agneeeeeesssss!!! Grita mi madre mientras tiendo la ropa recién lavada-. La humedad de mi blanquísimo camisón (siempre el blanco fue mi color) hace que escurran aún algunas gotas de agua sobre mis antes secas manos, la brisa Albanesa, todo lo mueve en aquellos endebles tendederos y echa abajo todas las prendas recién colgadas, eso es un fastidio pero también una de las tantas bendiciones que me da “Jesús” al estar viva. Huelo el jabón y la lejía que usa mi madre para lavar la ropa y ello me remonta a los hermosos recuerdos de mi niñez y juventud.

Los recuerdos van y vienen rápida y lentamente, pero siempre siguiendo un orden cronológico.

Larguísimas filas blancas que esperan recibir la comunión. Ojos que ven al piso implorando perdón y otras que enfocan al cielo pidiendo mayor fe y mayor compasión. Los míos, mis ojos…mirando al frente como siempre lo han hecho, enfrentando la realidad por más cruda que sea. Agarrando al toro por los cuernos y convirtiendo en acciones, mi dolor más profundo. Buscando, sí, pero esa búsqueda acompañada siempre por el movimiento. El santísimo para mí el Buda para otros, el Alá para muchos más.

Las campanas que despiertan mis oídos y mi corazón a un nuevo día y junto con ellas la esperanza de hacer y seguir siendo. Mis hermanas que van y vienen unas veces en dolor y otras llenas de alegría, con sus atavíos blancos e inmaculados.

Un hedor a podredumbre, a pus y a gritos de auxilio. Los ojos de este hombre me miran con ternura.¿ Cómo es posible? ÉL ¿viéndome a mí con ternura? Cuando soy yo quien debe derramar una inmensidad de amor sobre de el; se la devuelvo triplicada aún cuando el olor es insoportable; la lepra no solo come tu cuerpo sino tu resistencia y tu fe y este hombre aún la conserva; ¿cómo hace él para conservarla?, me pregunto mientras limpio su herida y “aún así sigo amando.”

Ahora veo las grises luces de la ciudad, de esta ciudad que me ha acogido durante tantos años. Ni aún su pobreza infinita ha sido capas de aniquilar su luz. Abunda el hambre y la miseria y ni que decir de las enfermedades. Este río, que más que ser río de vida es río de muerte lleva consigo la carga de la miseria y del dolor.

Me veo acercándome a ese niño tuberculoso, con la mueca aún de la sonrisa, de aquella que recuerda alguna vez tuvo cuando jugaba con sus hermanos o cuando esperaba sigiloso la llegada de su padre, no era una sonrisa fingida , era tan auténtica como el dolor que sentía en el abdomen, algunas veces por vaciedad y otras por su enfermedad. Era yo quien ahora experimentaba más que nunca un dolor que no era propio, que no era mío y sin embargo estaba ahí. Comenzaba en la parte baja de mi esófago y subía casi hasta salir por mi garganta y era ahí en donde se convertía en una queja. Entonces pude contemplarme en sus ojos, como quien se contempla en un espejo y pude sentir el dolor y el miedo en su máxima expresión. Pero también alcancé a percibir la ingenuidad y la pureza, que te da el ser niño.” Y aun así sigo amado.”

Ahora llegan a mi mente y a mi cuerpo entero, las muchedumbres negras, amarillas, blancas todas distintas y tan iguales. El dolor, el hambre la miseria viven atrincheradas en sus corazones. La tristeza de una madre que ha perdido a su hijo pequeño mientras jugaba en un campo minado, aquella familia desvastada por el sida, el anciano sin dientes a quién nunca le importó no tenerlos pues no tenía un pan para llevarse a la boca.

Las sensaciones se multiplican en mí aparecen dolores, quejas, profundos sentimientos de miedo y soledad, el desamparo en su máxima expresión me llenan. Encuentro todo esto no solo en la miseria, sino en la opulencia de los palacios que visito , en las caras más fotografiadas de todas las revistas y periódicos, la tiene Diana, la poseen los políticos y sí también me la he topado de frente en su casa entre tus más fieles servidores, en mayor o en menor intensidad. Mi cabeza confunde las situaciones y no sé que duele más ¿el dolor de sentir? O ¿el dolor de dejar de sentir y no poder seguir siendo y haciendo? Y sin embargo y a pesar de todo ello…”sigo amando.”

La India con Calcuta y su hambre, África con el miedo y el hambre, el mundo entero con hambre. El vacío en el estomago y en el corazón.

De un momento a otro todo cesa. No más dolor y miedo. La luz blanca y lechosa me vuelve a llenar de paz y un amor aun mayor que el que sintiera jamas. Siento a Calcuta iluminada por primera vez.

Escucho una voz conocida para mí, por tanto tiempo. La misma que me habló y me invitó a seguir este camino cuando apenas contaba con dieciocho años. La que me acompaño en silencio pero siempre junto a mí y a lado de mi corazón. La que me dio la fuerza necesaria para seguir amando en medio de mis noches obscuras y la oscuridad del mundo entero. Y la voz dijo: “ VEN Y SE MI LUZ TERESA”

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Sobre el Autor

Alejandra

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2 comentarios

  1. Rodrigo

    Tu escrito es muy bueno, creo que encierra la vida de una figura que por pequeña es gigante. ¿Es? si es Gigante ¿quien podría olvidarla, vive en un movimiento que sige sus pasos recogiendo y amando a los deshechos de nuestra sociedad, a esos viejos que ya nadie los cuida, ni quiere; a esos pequeños que no son recibidos ni siquiera en orfanatos normales.Un gran reconocimiento a ese movimiento y aesa mujer la Madre Teresa que inspiró, inspira y llena de esperanzas a los "apestados".Tiene un libro con sus pensamientos, relatos y oraciones. "En el Corazón del Mundo" Madre Teresa.  De la sección de pensamientos recojo este: "El ayer se ha ido.El mañana no ha llegado aún.Solo tenemos el Hoy.Empecemos" 

  2. Alejandra

    Rodrigo muy certo lo que dices. Pequeña, enorme mujer "es" la madre Teresa. Muchas gracias por la recomendación de el libro, lo buscaré y la cita que dejas es hermosa. Muchas gracias.

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