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Dic 17 2007

“Consciencia” la última esperanza

El hombre siempre ha estado en búsqueda de su bienestar y esto lo ha logrado a través de la inevitable convivencia social. Familias, hermandades, regimientos, vecindades es infranqueable el tener que convivir con otros seres humanos, pocos consiguen aislarse totalmente. El tener una sociedad “justa” es un problema que ha sido enfrentado en las sociedades a través de la creación de regulaciones y leyes con sus respectivas autoridades que las apliquen. La creación de un sistema que logre “controlar” y “estructurar” un modelo social que obligue a los miembros a cumplir con sus normas (justas, crueles o las que sean).

 

Los países más avanzados (económicamente), han conseguido la colaboración de sus miembros, de modo que logran poner por delante los intereses de su comunidad a los personales. Su sistema dirige a la gente en esa dirección consiguiendo que el individuo se comporte como “el sistema” quiere que lo haga, lo cual suena muy bien para el grupo pero sin duda lo hará a costa de casi destruir la individualidad.

 

Es agradable vivir en una sociedad donde se sabe que no se abusará de uno, y si esto ocurre el sistema te protegerá y defenderá. El problema viene cuando las reglas fueron creadas con sesgos injustos o anacrónicos, o lo que ocurre en tantos países, que es un exceso de discrecionalidad en las autoridades, que no ejercen las reglas o si lo hacen, dependiendo de intereses de solo unos pocos, comúnmente cadenas de corrupción que comienzan en un pobre agente policiaco o burócrata que vive en un sistema que lo obliga a robar y pasar su cuota hasta los políticos que tienen en control en su ejercicio al sistema.

Existen dos estados en cada persona: el consciente y el inconsciente, una sociedad “avanzada” tiene un sistema que permite que la gente cumpla con las reglas por consciencia o por “miedo” de modo que uno puede convivir en dicho sistema sin temor a que el individuo de al lado sea un perfecto imbécil o un consciente monje, en cualquiera de los dos casos uno podrá convivir. El problema que se percibe es que la proporción entre los conscientes y los inconscientes es totalmente cargado hacia la inconsciencia. Solo hay que hacer simples preguntas a la gente que te rodea (o a ti mismo) y pregunta ¿porqué cumpliste con una regla? o ¿porque violaste otra?. Descubrirás que las respuestas rara vez tienen que ver con una razón consciente sino simplemente por “costumbre”, “imitación”, “miedo al castigo” y otras pero casi ninguna tendrá que ver con el espíritu de dicha regla.

Podemos listar un sinfín de actos “inconscientes” y para ello escogí clasificar al inconsciente en dos:

  1. Inconsciente ignorante: Aquel que actúa con total ignorancia de las consecuencias de sus acciones, ese acto estúpido que tiene como disculpa que “no sabía”.
  2. Inconsciente imbécil: Aquel que ya sabía pero se le pasa, se le olvida. Aquí entran esos que se etiquetan de “despistados”, una etiqueta muy cómoda que permite a mucha gente vivir como un perfecto imbécil ( o como diríamos en México, con bandera de pendejo).
  3. Inconsciente cabrón: Este es el peor de todos, es aquel que conociendo y teniendo presente las consecuencias de sus actos los realiza con total “egoismo” no importándole nada pasar por encima de nadie. Por supuesto rara vez aceptará el que actuó mal o que puede corregir o mejorar su forma de ser. Por desgracia este tipo de gente solo pueden ser controladas por la fuerza y son los que justifican la existencia de leyes y policías que la ejerzan.

Aunque me queda claro que era una clasificación de inconscientes e incluí al último como alguien que parece ser consciente de sus actos a pesar de conocer sus consecuencias (consciente) es precisamente para matizar el problema que describo. El inconsciente cabrón (o consciente cabrón), en el fondo no puede ver más allá de sus narices, y no entiende la consecuencia última de sus actos en su propio detrimento. Los problemas que hoy enfrentamos de “contaminación mundial”, “sobre-población”, “hambre”, “pobreza extrema” , … están todos conectados con una sociedad en la que han dominado los 3 grados de inconsciencia.

 

Cabe aclarar que todos somos conscientes o inconscientes en diversas areas el reto es crecer voluntariamente haciendo un ejercicio continuo de auto-conocimiento.

Si todos fuéramos conscientes, no necesitaríamos leyes ni autoridades, no existirían fronteras ni límites como los conocemos. No necesitaríamos políticos ni autoridades pues, viviríamos en una utópica anarquía ordenada.

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Sobre el Autor

Eduardo Llaguno

Eduardo ha trabajado por 24 años en muy diversas áreas de TIC con amplia experiencia en administración de proyectos, nuevas tecnologías y como emprendedor.

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2 comentarios

  1. Won-Tolla

    Refiriéndome a la tercera de tus dos clasificaciones, también se les conoce como “cínicos”.
    Alguna vez alguien me pasó un documento que mencionaba que México está como está gracias a los “chingones”, los que se pasan de listos, los que tratan de burlar el sistema para cualquier trámite o aprovecharse de manera injusta en los negocios… a lo mejor lo que necesitamos es más “pendejos” en este país.

  2. Appzuh

    Desgraciadamente estos “inconscientes cabrones” los hay a todos niveles, desde el que recoge la basura, el taxista, el de los takos, el vecino, el programador, el analista, el diseñador, el jefe, siempre el sentimiento mexicano de tener a los demas con “la pata en el pescuezo”, de sentirse mas que los demas porque nos brincamos el control, porque lo hicimos por fuera, el orgullo que nos da el decir que conseguimos algo mas que los otros aunque haya sido a base de engaños y gandalleces, la pregunta es cuando se acabará esto???, si los propios padres siguen fomentandolo en sus hijos, tal vez sea un sello distintivo del mexicano, ojala que no.

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