Los árboles que se comunican: la red subterránea del bosque

¿Sabías que los árboles hablan entre sí? Puede sonar a ciencia ficción, pero bajo nuestros pies existe una red oculta gracias a la cual los árboles se comunican, comparten recursos e incluso se ayudan. Imagina caminar por un bosque frondoso: a simple vista ves troncos y hojas, pero ¿qué estará sucediendo bajo el suelo? En este artículo exploraremos ese fascinante mundo subterráneo, explicando de forma sencilla cómo funciona la “internet del bosque”, con ejemplos sorprendentes que ilustran cómo los árboles cooperan en lugar de competir.

Los árboles que se comunican: la red subterránea del bosque

El internet oculto del bosque: la red Wood Wide Web

Bajo la tierra, los árboles están conectados por una intrincada red de hongos que los une como si fuera un internet natural. Esta red subterránea se conoce científicamente como red de micorrizas, palabra que proviene del griego mico (hongo) y riza (raíz). En esencia, es la asociación simbiótica entre las raíces de los árboles y los filamentos de ciertos hongos (terram.cl). ¿Y cuál es el resultado de esta amistad entre reinos tan distintos? Un intercambio beneficioso para ambos: el árbol entrega a los hongos azúcares producidos en la fotosíntesis, y a cambio recibe agua y nutrientes que el hongo obtiene del suelo (terram.cl). Esta alianza invisible es crucial para casi todas las plantas; de hecho, aproximadamente 95% de las especies vegetales dependen de los hongos micorrícicos para sobrevivir (terram.cl). Sin ellos, muchas plantas no podrían obtener suficientes nutrientes ni soportar condiciones adversas.

Para visualizar esta “Wood Wide Web”, pensemos en cómo funciona internet: múltiples nodos (en este caso, árboles) conectados por cables (los hongos) que transmiten información y recursos. Los hongos forman un entramado de hilos finísimos llamado micelio, tan extenso que su magnitud asombra a los científicos. ¿Te imaginas la escala de estas redes? Se estima que la longitud total del micelio fúngico en los primeros centímetros de suelo terrestre alcanza cifras astronómicas, del orden de 450 cuatrillones de kilómetros (Ladera Sur). ¡Eso equivale a más de la mitad del ancho de nuestra galaxia! En términos más cercanos, bajo cada paso que damos en un bosque podría haber centenares de kilómetros de hifas de hongos trabajando silenciosamente (Ladera Sur). Gracias a esta red, todos los árboles de un bosque están potencialmente conectados entre sí, formando literalmente un bosque en red.

Los árboles que se comunican: la red subterránea del bosque

La “red social” de árboles y hongos: un árbol con abundante luz solar (izquierda) puede compartir nutrientes y agua con otro árbol en la sombra (derecha) a través del micelio de los hongos que conecta sus raíces. Los hongos actúan como mediadores, entregando agua y minerales al árbol sombreado, y recibiendo a cambio azúcares (carbono) de ambos árboles.

Compartiendo nutrientes: cooperación secreta entre vecinos verdes

Lejos de vivir en competencia, los árboles que se comunican colaboran de forma sorprendente. Gracias a la red de micorrizas, un árbol expuesto al sol puede compartir nutrientes y agua con un vecino que crece a la sombra. Por ejemplo, se ha observado que en verano, ciertos árboles caducifolios transfieren nutrientes a árboles de hoja perenne, y en invierno, estos últimos devuelven el favor (fundacionaquae.org). En resumen, distintas especies se ayudan mutuamente, adaptándose a las necesidades de cada estación.

Otro caso fascinante es el de los llamados “árboles madre”. Se ha descubierto que los árboles más antiguos y grandes de un bosque (a veces llamados mother trees en inglés) actúan como nodos centrales de la red: están conectados con decenas de árboles jóvenes a su alrededor y les envían un flujo extra de nutrientes y energía (fundacionaquae.org). Además, parecen mostrar cierto grado de preferencia: suelen ayudar más a sus plántulas descendientes (es decir, árboles jóvenes de su misma “familia”) que a extraños (fundacionaquae.org). Esta estrategia tiene mucho sentido si lo piensas: al nutrir a sus crías y a los vecinos más débiles, los árboles veteranos fortalecen la comunidad del bosque en su conjunto. Es como si un árbol antiguo “enseñara” y cuidara del bosque joven, asegurando el futuro de todos.

La cooperación llega hasta mantener vivo lo que parecía perdido. En Nueva Zelanda, botánicos descubrieron un tocón sin hojas ni ramas que seguía vivo gracias a sus vecinos. Las raíces del tocón, conectadas a otros árboles mediante micorrizas, recibían savia y agua, ampliando la red y fortaleciendo el ecosistema (meteored.com.ar) . Así, incluso un “miembro caído” refuerza la infraestructura del bosque.

Los árboles que se comunican: la red subterránea del bosque

Diagrama de una “Wood Wide Web” real en un bosque de coníferas: cada círculo verde representa un árbol (el tamaño del círculo corresponde al grosor del tronco) y las líneas de colores muestran las conexiones subterráneas a través de diferentes especies de hongos. Observa cómo algunos árboles actúan como nodos muy conectados (indicados por círculos grandes con muchas líneas). En un estudio se encontró que 67 árboles de abeto Douglas estaban interconectados de esta manera por hongos del género Rhizopogon, formando una enorme red en la que el árbol más conectado (flecha) servía como hub central

Mensajes de alerta: señales secretas bajo tierra

La red de micorrizas también funciona como un canal de comunicación. Imagina que un árbol es atacado por insectos: al sentirse amenazado, los árboles que se comunican envían señales químicas a sus vecinos (fundacionaquae.org). Estos, al recibir la alerta, incrementan sus defensas y producen compuestos que repelen a los insectos, frenando el avance de la plaga.

Además de las señales subterráneas, algunos árboles también se comunican por el aire. Quizá has oído que las acacias africanas, al ser comidas por una jirafa, liberan gases químicos al aire que avisan a otros árboles para que produzcan toxinas en sus hojas. Este tipo de comunicación aérea es otro ejemplo de cómo las plantas intercambian información sobre amenazas. Sin embargo, estas señales viajeras por el viento se disipan rápidamente. En cambio, la red de micorrizas permite enviar mensajes de forma más dirigida y a mayor distancia bajo tierra, incluso a árboles que no están tan cerca físicamente (fundacionaquae.org). La combinación de comunicación aérea y subterránea convierte al bosque en una comunidad notablemente interconectada y coordinada para enfrentar peligros. ¿No resulta asombroso pensar que, en cierto sentido, los árboles “escuchan” y “hablan” utilizando un idioma químico silencioso?

Un bosque unido es más fuerte: el superorganismo cooperativo

Los árboles que se comunican: la red subterránea del bosque

Los descubrimientos recientes han cambiado nuestra visión: ya no vemos el bosque como una colección de árboles aislados, sino como un superorganismo interconectado (meteored.com.ar). Al colaborar, los árboles que se comunican fortalecen la resiliencia del ecosistema frente a sequías, plagas y otros desafíos. Como afirma Suzanne Simard, la cooperación aumenta la supervivencia colectiva, creando una red de sinergia donde el éxito de uno beneficia a todos (empresasporelclima.es) (fundacionaquae.org).

Este nuevo entendimiento también tiene implicaciones prácticas. Por ejemplo, en gestión forestal y reforestación se ha observado la importancia de conservar los árboles madre y la diversidad de hongos del suelo. Si talamos indiscriminadamente los árboles más viejos (que suelen ser nodos clave de la red), rompemos muchas de estas conexiones vitales. En cambio, dejar en pie a esos gigantes permite que sigan nutriendo a los más jóvenes a través de las micorrizas, acelerando la recuperación del bosque. Del mismo modo, cuidar el suelo y su comunidad de hongos es esencial: sin la red fúngica, los nuevos árboles plantados tendrían dificultades para prosperar, pues les faltaría esa red de apoyo que ofrece nutrientes y protección. Entender el bosque como un superorganismo nos invita a cambiar nuestra relación con él: proteger no solo árboles individuales, sino las conexiones invisibles que los unen.


Al conocer la existencia de esta “red subterránea del bosque”, es imposible no maravillarse. ¿Volverás a pasear por un bosque de la misma forma después de saber esto? Ahora sabes que bajo tus pies se extiende una vasta red de vida, donde árboles y hongos tejen una comunidad unida. En cada raíz que toca un filamento de hongo hay un intercambio, un diálogo silencioso que ha estado ocurriendo durante millones de años. La próxima vez que veas un bosque, recuerda que no es solo un conjunto de árboles: es un organismo colectivo donde cada árbol cuida de los demás a través de una red escondida. Comprender esta asombrosa cooperación nos muestra lo intrincada y solidaria que puede ser la naturaleza – y nos inspira a valorar y proteger esos lazos invisibles que mantienen con vida a los bosques del mundo. (fundacionaquae.org)

Otras referencias

  1. Simard, S. W., et al. (2012). “Mycorrhizal networks: Mechanisms, ecology and modelling.” Fungal Biology Reviews, 26(1), 39-60.
  2. Wohlleben, P. (2016). “La vida secreta de los árboles.” Ediciones Obelisco.
  3. Gorzelak, M. A., et al. (2015). “Inter-plant communication through mycorrhizal networks mediates complex adaptive behaviour in plant communities.” AoB Plants, 7, plv050.
  4. Sheldrake, M. (2020). “Entangled Life: How Fungi Make Our Worlds, Change Our Minds & Shape Our Futures.” Random House.
  5. Soudzilovskaia, N. A., et al. (2022). “Global mycorrhizal plant distribution linked to terrestrial carbon stocks.” Nature Communications, 13, 1253.
  6. Kimmerer, R. W. (2013). “Braiding Sweetgrass: Indigenous Wisdom, Scientific Knowledge, and the Teachings of Plants.” Milkweed Editions.

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Eduardo Llaguno

Eduardo ha trabajado por 24 años en muy diversas áreas de TIC con amplia experiencia en administración de proyectos, nuevas tecnologías y como emprendedor.

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