Gemelos funcionales
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Llevo un tiempo dándole vueltas a una pregunta incómoda: ¿puede la IA sustituir —o al menos emular— a una persona? Y no me refiero a una persona en abstracto, sino a algo más concreto: su «rol». El lugar que ocupa en una organización, en un equipo o incluso en la política.
Tres situaciones me empujaron a explorar este escenario:
- Personas mayores cuya experiencia, anécdotas y forma de ver el mundo se pierden cuando nadie las dejó por escrito (o en video).
- Empleados «indispensables» que, precisamente por serlo, no rotan ni reciben nuevas oportunidades dentro de la organización… y que al irse dejan un hueco difícil de llenar.
- Roles de responsabilidad —pienso sobre todo en funcionarios públicos— donde el supervisor no sabe si una decisión se tomó con criterio y contexto, o a la ligera (o peor, respondiendo a otros intereses). El desempeño debería ser transparente; con demasiada frecuencia no lo es.
Al analizarlo llegué a una primera conclusión: en el corto plazo, los humanos no somos reemplazables. Por razones prácticas y por razones humanas.
- La tecnología «no está probada». Promete mucho, pero nadie sensato la suelta a producción sin pruebas.
- La sociedad todavía no está lista para «colaborar» con jefes que podrían no ser humanos.
- Y arrastramos demasiado miedo e ideas implantadas —Terminator, HAL 9000, Yo Robot— que nos pintan siempre el escenario más extremo y sombrío.
Debajo de todo eso hay dos miedos más honestos: perder el poder y perder mi valor.
Ese segundo miedo —perder mi valor o mi propósito— es profundo y merece su propio artículo. Hoy medimos nuestro valor por lo que hacemos: proveo, doy, aporto. Sin eso, sentimos que perdemos el propósito. Es un tema serio y no pienso despacharlo en un párrafo; lo dejo señalado.
En el corto y mediano plazo hay una postura mucho más útil: tomar a la IA como aliado y como «herramienta» que suma a lo que ya aporto. Que me ayuda a escribir mejores correos, propuestas, contratos, análisis y planes. Que mejora el resultado de buena parte de lo que hago.
¿Qué es un «gemelo funcional»?
Aquí llego al concepto que da título a todo esto.
En ingeniería ya existe el «gemelo digital» (digital twin): una réplica virtual de un objeto o sistema físico —un motor, una fábrica, una red— que permite simularlo, monitorearlo y predecir su comportamiento. Yo propongo mover esa idea del objeto a la persona: no replicar una máquina, sino el rol y el conocimiento de alguien.
Un «gemelo funcional» es una entidad de IA que carga con el rol, el conocimiento, la experiencia y el contexto de una persona —tanto como sea posible— y que puede responder como esa persona lo haría.
Y ojo con el matiz, porque es todo: el gemelo funcional no me reemplaza, me representa. No me relega, me libera. Es una forma en la que yo dirijo. Yo le pido a un «ente» que tiene más información que yo y al que, si le doy la oportunidad, puedo darle todo el contexto de lo que estoy viviendo. Lo importante es dirigir: ser líder de tu propia vida y líder de la IA que tienes a tu servicio. En el momento en que la veas solo como amenaza, dejas de ver lo esencial: o la usas tú, o alguien que sí la use te reemplaza a ti. La verdadera amenaza no es la IA; es no abrir los ojos, no dirigir el recurso y no dirigir tu vida.
Con esa lente, las aplicaciones se multiplican:
- Un asesor personal que conoce mi contexto.
- Un suplente que me cubre para moverme a mejores oportunidades sin dañar a mi organización.
- Un tutor con quien pelotear lo que estoy viviendo.
- Un rol que hoy no tengo: un experto en RH, en Finanzas, en Dirección.
- Una figura a la cual consultar: ¿cuál es la mejor decisión que podría tomar este funcionario, dado su cargo y su contexto?
Las amenazas, que también son reales
No todo es luminoso. Conviene nombrarlas:
- Puedo ser reemplazado y perder mi empleo.
- Puedo quedar en evidencia como «incompetente» o como alguien que tomó decisiones negligentes.
- Puede existir algo —o alguien— que me exhiba.
Casi todas esas consecuencias dependen de la intención con que se use la herramienta. Si una empresa quiere usar la IA para despedir gente, es una amenaza clara y de corto plazo. Si se usa para exhibir proyectos aprobados con malas justificaciones —o sin ellas—, puede destapar corrupción. Cuando una organización, mercantil, civil o política, tiene la intención de recortar puestos, traerá lo peor de la IA y lo peor de nosotros, y desperdiciará —al menos por un tiempo— su enorme beneficio. Ese cruce entre intención y poder es el segundo tema que, lo confieso, también merece artículo propio.
El enfoque lo decide todo
El gemelo funcional me parece, a estas alturas, inevitable. Lo que aún está en nuestras manos es el enfoque. El que le den los gobiernos, las empresas y los funcionarios va a decidir qué tan distópico —o qué tan luminoso— será nuestro futuro inmediato y de mediano plazo.
Yo elijo la lectura optimista, pero no ingenua: bien dirigido, un gemelo funcional no es quien te quita el lugar. Es quien te lo cuida mientras tú vas por el siguiente.
Nota: Escrito originalmente para https://blog.iurefficient.com



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